Reina-Valera 1909
Marcos 13
Pasajes de este capítulo 6
La destrucción del templo y otras señales
Marcos 13:1–81 Y SALIENDO del templo, le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios.
2 Y Jesús respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.
3 Y sentándose en el monte de los Olivos delante del templo, le preguntaron aparte Pedro y Jacobo y Juan y Andrés:
4 Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal habrá cuando todas estas cosas han de cumplirse?
5 Y Jesús respondiéndoles, comenzó á decir: Mirad, que nadie os engañe;
6 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán á muchos.
7 Pero cuando oyereis de guerras y de rumores de guerras no os turbéis, porque conviene hacerse así; pero aun no será el fin.
8 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; estos serán el principio de los dolores de parto.
Testificando a todas las naciones
Marcos 13:9–139 Pero mirad por vosotros mismos: porque os entregarán en los tribunales, y en sinagogas seréis azotados: y delante de gobernadores y de reyes compareceréis por causa de mí, en testimonio á ellos.
10 Y á todas las naciones conviene que el evangelio sea predicado antes.
11 Y cuando os trajeren para entregaros, no premeditéis qué habéis de decir, ni lo penséis: sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.
12 Y entregará á la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo: y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.
13 Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre: pero el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.
La abominación desoladora
Marcos 13:14–2314 Pero cuando viereis la abominación de asolamiento, que fué dicha por el profeta Daniel, que estará donde no debe (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan á los montes;
15 Y el que esté sobre la azotea, no descienda á la casa, ni entre para tomar algo de su casa;
16 Y el que estuviere en el campo, no vuelva atrás á tomar su capa.
17 Pero ¡ay de las embarazadas y de las que estén amamantando en aquellos días!
18 Orad pues, que no acontezca vuestra huída en invierno.
19 Porque aquellos días serán de aflicción, cual nunca fué desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni será.
20 Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos días, nadie sobreviviría; pero por causa de los escogidos a quienes eligió, abrevió aquellos días.
21 Y entonces si alguno os dijere: He aquí, aquí está el Cristo; ó, He aquí, allí está, no le creáis.
22 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y darán señales y prodigios, para engañar, si se pudiese hacer, aun á los escogidos.
23 Pero vosotros mirad; os lo he dicho antes todo.
El regreso del Hijo del Hombre
Marcos 13:24–2724 Pero en aquellos días, después de aquella aflicción, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su resplandor;
25 Y las estrellas caerán del cielo, y los poderes que están en los cielos serán conmovidos;
26 Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.
27 Y entonces enviará sus ángeles, y reunirá a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
La lección de la higuera
Marcos 13:28–3128 De la higuera aprended la semejanza: Cuando su rama ya se pone tierna, y brota hojas, conocéis que el verano está cerca:
29 Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, conoced que está cerca, á las puertas.
30 De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sean hechas.
31 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.
Disponibilidad a cualquier hora
Marcos 13:32–3732 Pero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.
33 Mirad, velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo.
34 Como un hombre que se fue lejos, dejó su casa, y dio autoridad á sus siervos, y á cada uno su obra, y al portero mandó que velase:
35 Velad pues, porque no sabéis cuándo el señor de la casa vendrá; si á la tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana;
36 Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo.
37 Y las cosas que á vosotros digo, á todos las digo: Velad.