Reina-Valera 1909
San Lucas 18
Pasajes de este capítulo 6
La parábola de la viuda persistente
San Lucas 18:1–81 Y PROPÚSOLES también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desanimarse,
2 Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía á Dios, ni respetaba á hombre.
3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía á él diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
4 Pero él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre,
5 Sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela.
6 Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto.
7 ¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos?
8 Os digo que los defenderá pronto. Pero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?
El fariseo y el recaudador de impuestos
San Lucas 18:9–149 Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro recaudador de impuestos.
11 El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este recaudador de impuestos;
12 Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.
13 Pero el recaudador de impuestos estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, ten misericordia de mí, pecador.
14 Os digo que éste descendió á su casa justificado, a diferencia del otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.
Jesús bendice a los niños
San Lucas 18:15–1715 Y traían á él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos les reprendían.
16 Pero Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios.
17 De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
El joven rico
San Lucas 18:18–3018 Y le preguntó un dirigente, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?
19 Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno hay bueno sino sólo Dios.
20 Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra á tu padre y á tu madre.
21 Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.
22 Y Jesús, oído esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
23 Entonces él, oídas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.
24 Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Con cuánta dificultad entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
25 Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios.
26 Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo?
27 Y él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios.
28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido.
29 Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,
30 Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en la era venidera la vida eterna.
La tercera predicción de la pasión
San Lucas 18:31–3431 Y Jesús, tomando á los doce, les dijo: He aquí subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del Hijo del hombre.
32 Porque será entregado a los gentiles, y será objeto de burlas, e injuriado, y escupido.
33 Y después que le hubieren azotado, le matarán: pero al tercer día resucitará.
34 Pero ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía.
Jesús sana a un mendigo ciego
San Lucas 18:35–4335 Y aconteció que acercándose él á Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;
36 El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello.
37 Y le dijeron que pasaba Jesús Nazareno.
38 Entonces dió voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.
39 Y los que iban delante, le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí.
40 Jesús entonces parándose, mandó traerle á sí: y como él llegó, le preguntó,
41 Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea.
42 Y Jesús le dijo: Recobra la vista, tu fe te ha hecho salvo.
43 Y enseguida vió, y le seguía, glorificando á Dios: y todo el pueblo como lo vió, dió á Dios alabanza.