Reina-Valera 1909
Marcos 4
Pasajes de este capítulo 7
La parábola del sembrador
Marcos 4:1–91 Y OTRA vez comenzó á enseñar junto á la mar, y se juntó á él mucha gente; tanto, que entrándose él en un barco, se sentó en la mar: y toda la gente estaba en tierra junto á la mar.
2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su enseñanza:
3 Oid: He aquí, el sembrador salió á sembrar.
4 Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo y se la comieron.
5 Y otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra; y luego salió, porque no tenía la tierra profunda:
6 Pero salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz, se secó.
7 Y otra parte cayó en espinas; y subieron las espinas, y la ahogaron, y no dió fruto.
8 Y otra parte cayó en buena tierra, y dió fruto, que subió y creció: y produjo a treinta, a sesenta y a ciento por uno.
9 Entonces les dijo: El que tiene oídos para oir, oiga.
El propósito de las parábolas de Jesús
Marcos 4:10–1210 Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él con los doce, sobre la parábola.
11 Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; pero á los que están fuera, por parábolas todas las cosas;
12 Para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.
La parábola del sembrador explicada
Marcos 4:13–2013 Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?
14 El que siembra es el que siembra la palabra.
15 Y éstos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada: pero después que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fué sembrada en sus corazones.
16 Y asimismo éstos son los que son sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, luego la reciben con alegría;
17 Pero no tienen raíz en sí, sino que duran poco tiempo; cuando surge la tribulación o la persecución por causa de la palabra, enseguida se apartan.
18 Y éstos son los que son sembrados entre espinas: los que oyen la palabra;
19 Pero las preocupaciones de este mundo, y el engaño de las riquezas, y los deseos de otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
20 Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben, y dan fruto, uno a treinta, otro a sesenta y otro a ciento por uno.
La lección de la lámpara
Marcos 4:21–2521 También les dijo: ¿Se trae la lámpara para ser puesta debajo de una canasta, ó debajo de la cama? ¿No es para ser puesta en el soporte para lámpara?
22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que no haya de descubrirse.
23 Si alguno tiene oídos para oir, oiga.
24 Les dijo también: Mirad lo que oís: con la medida que medís, os medirán otros, y será añadido á vosotros los que oís.
25 Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
La semilla que crece en secreto
Marcos 4:26–2926 Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa semilla en la tierra;
27 Y duerme, y se levanta de noche y de día, y la semilla brota y crece como él no sabe.
28 Porque por sí sola fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga;
29 Y cuando el fruto está maduro, enseguida se usa la hoz, porque ha llegado la cosecha.
La parábola del grano de mostaza
Marcos 4:30–3430 Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿ó con qué parábola le compararemos?
31 Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra;
32 Pero después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las plantas del huerto, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan refugiarse bajo su sombra.
33 Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oir.
34 Y sin parábola no les hablaba; pero á sus discípulos en particular explicaba todo.
Jesús calma la tormenta
Marcos 4:35–4135 Y les dijo aquel día cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte.
36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con él otros barquitos.
37 Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se llenaba.
38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre una almohada, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?
39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fué hecha gran calma.
40 Y á ellos dijo: ¿Por qué estáis así atemorizados? ¿Cómo no tenéis fe?
41 Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?