Reina-Valera 1909
Hebreos 12
Pasajes de este capítulo 4
Un llamado a la resistencia
Hebreos 12:1–31 POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con perseverancia la carrera que nos es propuesta,
2 Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y se sentó á la diestra del trono de Dios.
3 Considerad, pues, a aquel que sufrió tal oposición de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando.
Dios disciplina a sus hijos
Hebreos 12:4–134 Que aun no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado:
5 Y estáis ya olvidados de la exhortación que como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de él reprendido.
6 Porque el Señor al que ama castiga, y azota á cualquiera que recibe por hijo.
7 Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como á hijos; porque ¿qué hijo es aquel á quien el padre no castiga?
8 Pero si estáis fuera del castigo, del cual todos han sido hechos participantes, luego sois hijos ilegítimos, y no hijos.
9 Por otra parte, tuvimos por castigadores á los padres de nuestra carne, y los reverenciábamos, ¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
10 Y aquéllos, á la verdad, por pocos días nos castigaban como á ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que recibamos su santificación.
11 Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia á los que en él son ejercitados.
12 Por lo cual alzad las manos caídas y las rodillas paralizadas;
13 Y haced derechos pasos á vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera de camino, antes sea sanado.
Un llamado a la santidad
Hebreos 12:14–1714 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor:
15 Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os impida, y por ella muchos sean contaminados;
16 Que ninguno practique inmoralidad sexual ni sea profano, como Esaú, que por una comida vendió su primogenitura.
17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue rechazado (que no halló lugar de arrepentimiento), aunque la procuró con lágrimas.
Un reino inquebrantable
Hebreos 12:18–2918 Porque no os habéis llegado al monte que se podía tocar, y al fuego encendido, y a las tinieblas, y á la oscuridad, y á la tempestad,
19 Y al sonido de la trompeta, y á la voz de las palabras, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más;
20 Porque no podían tolerar lo que se mandaba: Si bestia tocare al monte, será apedreada, ó pasada con dardo.
21 Y tan terrible cosa era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy aterrado y temblando.
22 Pero os habéis llegado al monte de Sión, y á la ciudad del Dios vivo, Jerusalem la celestial, y a incontables ángeles reunidos,
23 Y á la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y á Dios el Juez de todos, y á los espíritus de los justos hechos perfectos,
24 Y á Jesús el Mediador del nuevo pacto, y á la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.
25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que habla de los cielos.
26 La voz del cual entonces conmovió la tierra; pero ahora ha prometido, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.
27 Y esta palabra, Aun una vez, declara la mudanza de las cosas movibles, como de cosas hechas, para que queden las cosas que son firmes.
28 Así que, tomando el reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual sirvamos á Dios agradándole con temor y reverencia;
29 Porque nuestro Dios es fuego consumidor.