Reina-Valera 1909
1 Timoteo 3
Pasajes de este capítulo 3
Calificaciones para supervisores
1 Timoteo 3:1–71 PALABRA fiel: Si alguno apetece obispado, buena obra desea.
2 Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una mujer, prudente, templado, respetable, hospitalario, apto para enseñar;
3 No amador del vino, no violento, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, no pendenciero, ajeno de avaricia;
4 Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda dignidad;
5 (Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)
6 No debe ser un recién convertido, para que, envaneciéndose, no caiga en juicio del diablo.
7 También conviene que tenga buen testimonio de los de fuera, porque no caiga en deshonra y en lazo del diablo.
Calificaciones para diáconos
1 Timoteo 3:8–138 Los diáconos asimismo, deben ser dignos de respeto, sinceros al hablar, no dados á mucho vino, no amadores de ganancias deshonestas;
9 Que tengan el misterio de la fe con limpia conciencia.
10 Y éstos también sean antes probados; y así ministren, si fueren irreprochables.
11 Las mujeres asimismo, dignas de respeto, no calumniadoras, templadas, fieles en todo.
12 Los diáconos sean maridos de una mujer, que gobiernen bien sus hijos y sus casas.
13 Porque los que bien ministraren, ganan para sí una posición honorable, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
El misterio de la piedad
1 Timoteo 3:14–1614 Esto te escribo con esperanza que iré pronto á ti:
15 Y si no fuere tan pronto, para que sepas cómo debes comportarte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad.
16 Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne; ha sido justificado con el Espíritu; ha sido visto de los ángeles; ha sido predicado á los Gentiles; ha sido creído en el mundo; ha sido recibido en gloria.